15 mar. 2010

Granotes al foc.

JOSÉ LUIS GARCÍA NIEVES.


[Trenet a Vallejo. L'informatiu.com, 12-3-2010]

La paulatina desaparición del Llevant UD de la esfera pública durante las últimas décadas tiene un reflejo muy evidente en las Fallas. Basta percibir la agotadora presencia de simbología merengue para comprobar que el Valencia CF ha sabido imbricarse en la fiesta hasta confundirse en el paisaje: actos oficiales, verbenas, monumentos… en cada rincón de la ciudad se intuye estos días la huella del equipo del régimen.

El Valencia CF es la valencianía y, por extensión, sus tradiciones. El Llevant UD, reducido a la anécdota desde hace años, trata de recobrar con el centenario su merecida cuota de protagonismo en las fiestas. Así algunas iniciativas. Como la del Premi Granota, que se otorgará al mejor de entre los monumentos que hayan dedicado al decano algún ninot o escena de su falla.

La relación entre las fallas y el fútbol viene de lejos. Ya en los primeros años veinte, cuando el fútbol comenzó a insinuarse como la locura colectiva que acabaría siendo, el juego y sus interioridades se convirtieron en fuente de inspiración para los artistas. En 1923, casi un tercio de los 41 monumentos plantados en la ciudad tuvieron en el foot-ball uno de sus ingredientes temáticos. El Llevant FC se acababa de trasladar al Camp del Camí Fondo; y Valencia CF y Gimnàstic FC recogían los bártulos para estrenar Mestalla y el monumental Stadium Valenciano del río Túria.

En aquel 1923 la ciudad ya había asistido a las primeras concentraciones en torno a un partido de fútbol. En Algirós y en la Soletat. Y aquel deporte que apuntaba a fenómeno de masas competía con los toros como entretenimiento popular de referencia. La ciudad crecía y sus clases medias experimentaban con las nuevas formas de ocio. Una docena de fallas hablaron aquel año del enfrentamiento entre la tradición recalcitrante y el moderno sport.   Se decantaron por los toros. Pero la desconfianza de la fiesta hacia el nuevo deporte apenas duró un suspiro.

Entre 1923 y 1925 Mestalla y el Stadium reventaron literalmente con cada derby y la ciudad entera se dividió entre merengues y gimnastiquistas. La Valencia tradicional capituló y las Fallas asumieron aquel deporte como una forma más de relación entre los valentinos, sujeta por tanto a la parodia y el escarnio. Según nos cuenta Miquel Nadal en El nacimiento de la ciudad deportiva, en 1925 dos monumentos representaron la rivalidad entre Gimnàstic FC y Valencia. Una de estas fallas hurgaba en la herida granota tras el histórico 7-1 que el Valencia endosó al Gimnàstic. El club jamás se recuperaría de aquello y un monumento, plantado entre las calles Pi i Margall y Cirilo Amorós, no reparó en detalles. Así rezaba la explicación:
Habla ella de dos clubs futbólicos de no importa qué región,  y mezcla entre el abigarrado molde de sus figuras de cartón,  una garrida valenciana que se consuela con merengues ante la rotura del devantalet, que muestra un siete desconsolador...”

El Llevant FC, escorado hacia la fachada marítima, tenía a sus acólitos en comisiones de raigambre cabanyalera, como la de la calle Escalante. Ellos le dedicaron su monumento de 1935, el año en que se convirtió sin discusión en el mejor club de la actual Comunitat Valenciana. La obra de los maestros Silvestre y Escrivà mostraba a un futbolista levantino transmutado en rey —corona y cetro en ristre— haciendo tragar balones sin compasión a un sapo gigante que representaba al Gimnàstic FC:

La Falla que aquí se encuentra  tiene más de un pelendengue 
Dice lo que hizo el Levante Al Gimnástico y… “Merengue”. 
R. Juan

Todo eso, claro está, ocurrió antes de la Guerra, cuando nociones tan exóticas como la rivalidad movían el fútbol valentino. La incomparecencia granota en la elite desde los sesenta dejó el camino expedito al equipo único en todos los ámbitos de la realidad. Bien haría el Llevant UD por recuperar su lugar en la hoguera. Sería otro paso más hacia la tan deseada normalidad.

Luis García ¿barraquero?

FELIP BENS.

[Crònica. L'informatiu.com]

El Murcia empata en el 85'.

[R. Murcia 1-1 Llevant UD, La Condomina, 7-3-2010]



Luis García es un barraquero y su falta de ambición está condenando al Llevant UD a desperdiciar las opciones de auparse definitivamente a las plazas de ascenso. Su apuesta por un juego rácano y destructivo, se basa en la confianza ciega por aprovechar alguna de las tres o cuatro ocasiones de peligro que se generan en cada partido para arañar algún puntito.  

Con esta actitud el entrenador está desperdiciando el potencial de una plantilla que demuestra domingo a domingo que puede aspirar abiertamente al ascenso a Primera. Todo esto y más se viene comentando en la grada y en los mentideros levantinistas desde que, contra todo pronóstico, se instaló la ilusión de la machada del ascenso. 

Ya saben cómo es el fútbol, el imperio de las exigencias inmediatas, del corto plazo y de los arrebatos pasionales, el reino del hoy blanco y mañana negro. Ya saben que en cada aficionado -y también en cada cronista- habita el genio perfeccionado de un Pep Guardiola, de una Rafa Benítez, de un Manolo Preciado, de un Johan Cruyff. Y que nadie se atreva a tosernos. 

La realidad, en el fútbol y en la vida, siempre suele alejarse de los extremos. Es fácil encontrarla más a ras de hierba, más cerca de la lógica de unas camisetas sudadas que del deseo de una barra de bar. El fútbol, sin embargo, genera grandes falacias que, repetidas, una y otra vez suenan de una lógica aplastante, aunque no lo sean. Grandes axiomas que no consienten dudas: Los equipos grandes sólo dejan de ganar cuando jueguan mal, por ejemplo. Aunque de una lógica aplastante no es esto, sino que sencillamente pierden cuando el rival -que también juega con once- lo hace mejor. El Llevant lleva diez partidos en 2010 sin perder y ha recortado distancias de forma espectacular con todos los que le preceden en la tabla de clasificación. Pero no por ello puede ni debe exigirsele que gane todos los partidos que juegue, porque puede darse el caso de que el rival sea mejor. Sencillamente mejor. Esto es fútbol. 

Llevant UD y Murcia aburrieron a las piedras el domingo. El Llevant no realizó un partido brillante. Ni ayer ni en otros de los encuentros que los blaugrana han disputado durante su espectacular progresión hacia las plazas de ascenso. Pero los levantinos no jugaron contra una banda de trileros. Jugaron contra un Real Murcia que había conquistado 15 de los últimos 21 puntos que había disputado. Un Murcia a quien no pudo ganar ni el Hércules en Alicante ni la Real en la misma plaza pimentonera de la que salieron derrotados Betis y Numancia. Tal vez la forma de frenar al Murcia no era haciendo un partido brillante, sino táctico, neutralizando las virtudes murcianas de los últimos meses. Si los colorados no hubiesen empatado cuando el partido tocaba a su fin, el Llevant pisaría los talones al Cartagena y las cosas se verían desde una óptica distinta. 

Algunas de estas críticas a Luis García ya se escucharon tras el partido en Elche de hace dos semanas; sin embargo los franjiverdes vencían ayer al todopoderoso Hércules 2-0. Ya lo dijimos en su día en la crónica: el Elche tiene un equipazo, aun no ha dicho su última palabra en lo concerniente a plazas nobles, y el empate del Llevant tuvo mucho mérito. 

Luis García tiene defectos como entrenador, como cualquiera. Sus planteamientos conservadores han hecho al Llevant perder más de un punto esta temporada; los guarismos con que los levantino han logrado sus diez victorias, casi siempre por la mínima, y ser el equipo que acumula más empates contrastan el espíritu resultadista del equipo. ¿Mérito o defecto del míster? Tal vez sería el momento de valorar que existen, de forma clara, mejores plantillas que la blaugrana en Segunda divsión y que la capacidad táctica de Luis G. para mover sus peones está consiguiendo sacarle un partido mucho mayor del esperado: 42 puntos, a 3 del Cartagena y 9 de Hércules y Real. Porque la realidad es que el Llevant se está acercando al tramo final de la Liga con opciones claras de ascenso, unas posibilidades que se agigantarán o no tras los próximos dos partidos: en casa contra el Nàstic y, sobre todo, en Anoeta, contra la Real. Dos victorias dispararían al equipo. Dos derrotas serían un jarro de agua fría sin marcha atrás. Suceda lo que suceda, el mérito, a Luis García, con todos sus defectos, ya no se lo quita nadie.




Vixca la Copa del 37!

JOSÉ LUIS GARCÍA NIEVES.

[Trenet a Vallejo. L'informatiu.com. 5-3-2010]

Sostiene un amigo que pese a ser un torneo ganado entre las bombas, con un escenario exótico —Can Rabia, viejo feudo del RCD Espanyol de Barcelona— y conquistado en las mismas narices del eterno rival, la Copa de la España Libre del Llevant carece de mística per se. Que han sido, añade, los cuarenta años de clandestinidad bajo régimen franquista y el silencio de 35 años de mayor o menor normalidad democrática los que le dan este aire romántico; la cumbre simbólica del discurso de eterno perdedor que envuelve al levantinista.

No puedo estar más de acuerdo; y tampoco —perdonen la frivolidad— más agradecido a los tarugos de la federación española. Fuimos campeones de España en 1937. Lo habíamos olvidado, pero Emilio Nadal nos lo recordó en 2003 con una gran investigación para su obra Los latidos de un siglo; luego una iniciativa del levantinismo —de la base, no del club— permitió, con la complicidad de Izquierda Unida, que el Congreso de los Diputados reconociera e instara en 2007 a la RFEF a homologar ese torneo como una edición más de la Copa de España.

El resto de la historia es más o menos conocido: un informe parcial y sesgado fue la  base para que la asamblea —máximo órgano de gobierno de la federación— votara mayoritariamente en contra del reconocimiento. Una vieja reivindicación, en fin, frustrada y retomada con la conmemoración del centenario como pretexto.

Personalmente, no necesito el aval de un organismo como la RFEF para saber que hubo un tiempo en que mi equipo fue el mejor; que en la memoria del fútbol viejo los nuestros protagonizan instantes de gloria, éxitos que hincharon el orgullo de un lugar que ya casi no existe llamado el Poble Nou de la Mar.  Lo vi claro el pasado viernes, mientras Felip Bens, José Ricardo March —autor de un demoledor informe sobre el que algún día se asentará la validación del trofeo— y yo mismo presentábamos el volumen II de Historia del Llevant, que precisamente abarca el periodo de la guerra.

Si el franquismo no hubiera pretendido borrar toda la realidad acaecida entre 1936 y 1939 en el territorio leal a la República —como en la terrible pesadilla orwelliana—, el Llevant tendría en su palmarés un título de campeón, sí; pero apenas sería un apunte estadístico, un recuerdo difuso de cuando el fútbol era foot-ball, y entre los éxitos del Madrid, el FC Barcelona o el Athletic Club se colaban nombres como el Arenas de Getxo o el Real Unión. 
Nuestra Copa, sin embargo, está más viva que la que ganó el Barça en Mestalla hace unos meses: sublimada por la afición; exhibida y venerada como una reliquia, los restos que podemos tocar de un pasado mítico y remoto.

Así ha ocurrido en multitud de actos organizados por las peñas y el club en los últimos años, y así ocurrió en la presentación del pasado viernes, cuando Antonio Calpe, hijo de Ernesto Calpe, recogió un cuadro conmemorativo en homenaje a los protagonistas de la conquista del 37. Ese trozo de metal con forma de trofeo sigue uniendo, motivando e ilusionando a los levantinos en tiempos difíciles, más de 70 años después de que Calpe, Gaspar Rubio y compañía vencieran, como de costumbre, al Valencia FC. Así que gracias. A todos los torpes que no ven más allá de sus narices: mientras se deciden a oficializar nuestra Copa, nosotros seguiremos festejándola.

Y Pallardó sigue ausente…

FELIP BENS.

[Crònica. L'informatiu.com]

El Llevant UD pincho contra Las Palmas (1-1).

[Llevant UD 0-0 Las Palmas, Orriols, 1-3-2010]


El Llevant UD batió el sábado, durante la segunda parte, el récord mundial de pases fallidos, ese tipo de estadísticas que nadie anota en Orriols, pero que determinan el desenlace de un partido.

De poco sirve estar bien ubicados en el campo y robar una infinidad de balones si luego no aparece nadie capaz de dar un pase correcto que remueva en la grada la adrenalina del peligro inminente. Una grada que ha cobrado decididamente otro color, el de las grandes gestas de la última década. Y que, a pesar del tedio, despidió al equipo con aplausos, en una muestra de madurez gratificante. No en balde, los números del Llevant UD en 2010 siguen invitando al optimismo: novena jornada invictos, con cinco victorias y cuatro empates, diez goles a favor y cuatro en contra. 

Hay un motivo evidente para que el Llevant UD no acabe de engancharse en la lucha por el ascenso, de una forma explícita y decidida. Ese motivo se llama Miguel Pallardó, el indiscutible propietario de la parcela central de toda la 2ª división durante la temporada pasada y gran parte de la primera vuelta de la actual. Probablemente el jugador con más criterio y talento de la plantilla granota y que, desde que superó su lesión, no ha vuelto a ser el mismo. Y lo realmente alarmante es que el proceso de volver a convertirse en el líder de este grupo ni siquiera se atisba. Pallardó sigue haciendo quilómetros como siempre pero ya no tiene ni el criterio, ni el toque, ni el desparpajo de antaño para montar las ofensivas letales que necesita este equipo para dar el definitivo puñetazo sobre la tabla de la clasificación. Ante tamaña adversidad existe un plan B por el que Luis García no se atreve a optar: sólo Marc Mateu tiene el talento para hacer de Pallardó, mientras le dure la pájara. Un plan infinitamente más rentable que la alternativa por la que se opta: patà i avant

Las Palmas es un equipo muy justito, como tantos otros de esta gris y taciturna 2ª división. Si el equipo que tiene enfrente, el Llevant UD en este caso, es incapaz de entregar dos balones seguidos al pie, cualquier once que haya hecho un par de rondos durante la semana se ve de repente dominando el partido contra su propia voluntad, como sucedió en la segunda parte. Las Palmas, sin embargo, como era previsible —y más allá de la inverosímil volea de Cejudo— fue incapaz de generar ninguna sensación de peligro. El portero blaugrana Manu, que la semana pasada se llevó a casa más de la mitad del punto que el Llevant UD robó en Elche, creó las mejores ocasiones de los canarios, mostrando la peor versión de sus manos de mantequilla hasta en tres ocasiones que pusieron el ay en la grada. Manu sólo será otro portero de transición en la meta levantina si no aprende a jugar por alto dentro de su área. De poco servirán sus muchas virtudes si Martínez Puig no es capaz de ayudarle a corregir su trémulo juego aéreo.

Y pese a todo, el partido apuntaba a victoria holgada. Durante la primera media hora de partido Pallardó y sus huestes desbordaron sin piedad al rival, crearon ocasiones y fueron amos y señores del field, desplegando el fútbol que este equipo sabe practicar: Iborra cubriendo espacios como un titán entre Pallardó y la defensa; Pallardó robando y repartiendo balones con criterio; Rubén haciendo diabluras entre líneas y abriendo a las bandas, con Cendrós y Juanfran subiendo y combinando con Xisco Muñoz y Juanlu; Jordà abriendo espacios y olisqueando su ocasión. El Llevant UD pudo marcar 3 o 4 goles en esta primera media hora, pero sólo hizo uno, cuando Rubén decidió romper cinturas dentro del área y ajustó el balón al palo, entre una maraña de piernas que se había instalado a habitar el área pequeña. Un golazo. Como el que soñó Cejudo dos minutos después, y al despertar el 1-1 estaba en el electrónico. 

La grada entendió que la volea de Cejudo había sido una anécdota en el monólogo blaugrana y animó a coro a los suyos que, desde ese momento, sin explicación posible, decidieron batir el nefasto récord de que hablábamos al principio. Ni siquiera el eterno Ballesteros se sintió inspirado para dar un arreón final de casta y brío, como suele hacer cuando el partido está atascado. Y se perdió con ello la ocasión propicia de arañar dos puntos más a una Real en franca decadencia y amenazar la plaza de ascenso que, todavía, atesora el Cartagena. 

Más allá de los dos puntos que volaron —de forma más que merecida— el partido ofreció aspectos positivos: Héctor Rodas, tras la noticia de su renovación como levantinista hasta 2015, volvió a cerrar un partido redondo, como Ballesteros, que va camino de convertirse en el Maldini blaugrana. Juanfran disputó su primer encuentro completo, demostrando que esa banda será de su propiedad hasta final de temporada, como poco. Iborra sigue creciendo como un mediocentro que creará leyenda en Orriols. Rubén, a ráfagas, volvió a mostrarse como el jugador fresco y eléctrico que puede ser, tras un letargo en que su mente estuvo espesa. El club ha llegado a los 9.500 abonados. Y la grada sigue enchufada con el equipo, a pesar del chasco. 

No hay tregua sin embargo. El inesperado pinchazo del sábado obliga a ganar, sí o sí, en Murcia, la semana que viene. Una derrota o un empate echaría por la borda muchas opciones de ascenso, arduamente conquistadas tras 9 partidos seguidos sumando puntos.


1 mar. 2010

Abelles con piel de granotes.

JOSÉ LUIS GARCÍA NIEVES.

[Trenet a Vallejo. L'informatiu.com. 26-2-2010]

El domingo 7 de marzo al mediodía el Llevant UD estará un poco más reconciliado con su historia. El acuerdo alcanzado entre el club y Les Abelles Rugby Club para que Orriols acoja el clásico contra La Vila desprende una carga profundamente simbólica. Porque la historia de este deporte en Valencia tiene mucho que ver con nuestros colores.

El primer partido de rugby que se disputó en la ciudad tuvo como escenario el Stadium Valenciano, el campo donde jugaba el Gimnàstic Football Club en el cauce del río Túria, entre los puentes de la Mar y la Trinitat. Fue en 1923, una exhibición entre la Unió Sportiva Samboiana y el Club Natación de Barcelona, a la sazón campeón y subcampeón de España. En honor a la verdad, no fue estrictamente el Gimnàstic FC —ancestro del actual Llevant— quien organizó el partido, sino la empresa que gestionaba el Stadium, epicentro de iniciativas deportivas y lúdicas en la Valencia de los felices años veinte. Pero tampoco hubiera sido extraño.

Aquel club arraigado en el cogollet de la ciudad se convirtió en esa época en una auténtica estructura polideportiva, impulsando modalidades tan dispares como el ciclismo en pista, el atletismo o el boxeo. El primer partido de hockey que se celebró en Valencia, por ejemplo, también se jugó en el Stadium, en marzo de 1924, y esta vez los contendientes sí lucieron la camisa blaugrana.

Tras la guerra civil, el vínculo entre el rugby y el Llevant UD se hace mucho más evidente. Curiosamente, el rugby fue uno de los deportes que más beneficiado salió del nuevo orden franquista. Algunas organizaciones satélite de la Falange como el Sindicato Español Universitario (SEU), y la obra Educación y Descanso de los sindicatos verticales promovieron intensamente este deporte, surgiendo multitud de equipos en todo el territorio valenciano. Vallejo, hogar del Llevant UD salido de la fusión, fue escenario habitual de partidos y torneos de rugby desde los primeros días de 1940. Y el club, como una herencia de aquella frenética actividad polideportiva del Gimnàstic, creó su propia sección de rugby por esos años. Un quince que sobrevivió hasta décadas recientes y que forma parte del imaginario de la afición en esta ciudad.

Desde luego, el encuentro Les Abelles-La Vila del domingo próximo no va a ser el partido del siglo. La Vila tiene muy complicado alcanzar el título y sólo un milagro salvaría del descenso a Les Abelles. Pero ver a esos caballeros luchar sobre el césped de Orriols será una experiencia memorable. El rugby es un deporte con mayúsculas. El esfuerzo, el respeto y la honestidad que destila elevan a categoría el sentido del juego. También es un deporte rudo, pero no más que el fútbol de los primeros días del siglo XX, cuando aquellos mojigatos del sombrero y el bigote llamaban salvajes y poca vergonya a los locos del foot-ball, unos chavales que correteaban en calzones en solares apartados y terminaban amoratados y con brazos en cabestrillo.

No deja de resultar irónico que nuestro fútbol, que se reglamentó en el XIX para alejarse del violento foot-ball que utilizaba las manos —según las normas de la escuela de Rugby—, haya involucionado hasta convertirse en una práctica que premia la pillería y la impostura. El rugby, bien mirado, es un deporte mucho más civilizado. Lo del día 7 es una cita con nuestra historia. La del Llevant UD y la del propio fútbol. Quince abelles vestidas con piel de granota.

25 feb. 2010

Invictos.

FELIP BENS.

[Crònica. L'informatiu.com]

El Llevant UD sigue sin conocer la derrota en 2010.

[Elche CF 0-0 Llevant UD, Estadi Martínez Valero, 19-2-2010]

El Elche jugó un gran partido y demostró ante un buen Llevant UD que aun no ha dicho su última palabra este año. El derby fue intenso y cualquiera de los dos equipos pudo vencer, aunque lo cierto es que la actuación de Manu fue determinante para impedir que lo hiciera el Elche.

Manu se doctoró en el Martínez Valero con un partido colosal. El joven portero de la cantena blaugrana evitó que el Elche se llevara el gato al agua en un bonito derby al que sólo le faltaron los goles. Rafa Jordà acudió a su cita con el gol, pero esta vez el árbitro lo anuló por un dudoso fuera de juego. También lo intentó el exlevantino Saúl, uno de los mejores del partido, a quien una travesura del destino impidió que un trallazo suyo acabara en las redes de Manu. De forma inverosímil el balón salió despedido tras dar primero en el larguero y luego en el poste.

El Elche salió en tromba y desde el primer minuto apuntó cuáles iban a ser las claves del encuentro: Wakaso pretendía hacerse el amo y señor del círculo central y lo consiguió durante muchas fases del encuentro con el permiso de un Iborra que va más cada domingo. Saúl y Juli desbordarían las débiles bandas levantinas durante los 90 minutos. Consolidado el centro de la defensa con Rodas y Ballesteros, los laterales siguen siendo el talón de Aquiles de este Llevant UD. Ello repercute muy negativamente en el juego ofensivo blaugrana, pues los interiores deben fajarse en tareas defensivas, perdiendo el equipo toda su alegría.

Lo cierto es que, sea como sea, el Llevant UD sigue imbatido en 2010 y ahora tiene tres partidos asequibles por delante —Las Palmas y Gimnàstic en casa; Murcia fuera— que podrían auparlo definitivamente a los puestos de ascenso. En cuatro jornadas, para después de Fallas, el Llevant UD pasará el primer gran test para ver hasta cuándo piensa mantener el sueño del ascenso entre su afición. Será en Anoeta, ante una Real que ya cayó en el Nou Estadi.

24 feb. 2010

El último Invencible.

JOSÉ LUIS GARCÍA NIEVES

[Trenet a Vallejo. L'informatiu.com, 19-2-2010]



Ochenta años separan estas dos imágenes. Dos instantes que evocan la gloria remota y el futuro esperanzador de este extraño superviviente llamado Llevant UD que pocas veces ha mirado a su cantera. A la derecha, de blanquinegre, Hilariet Cerdà, grauero y levantino hasta el tuétano, poco antes de comenzar un partido de infantiles en el Camp del Camí Fondo del Grau a principios de los años 20; a su izquierda, el cabanyalero Héctor Rodas, en los aledaños del año 2000, soñando con debutar en el primer equipo.

Hilariet es uno de los grandes de nuestra historia. Protagonizó con otros diez chavales de Els Poblats Marítims —Villarroya, Sapiña, Alamar, Puig II, Juanito Vázquez, Sorní, Lacomba…— uno de los episodios más emotivos del siglo. Corría 1924 y aquel equipo juvenil era tan bueno que convirtió un adjetivo en sustantivo: les llamaron Los Invencibles. Arrollaban a los rivales en la competición local, y cuando los canteranos del Madrid o el FC Barcelona asomaban por el Camí Fondo, atraídos por la curiosidad ante aquel prestigio creciente, volvían a casa con el saco lleno de goles.

En aquellos tiempos no estaban instauradas las competiciones nacionales para juveniles así que su condición de mejor juvenil de España no pasó de título honorífico. Les dedicaron coplillas y ocuparon portadas. Llegado el momento, cumplieron con el deber de toda cantera: nutrir al primer equipo.

En 1926, cuatro chavales del filial subieron como titulares al primer equipo para cambiar la historia del Llevant Football Club para siempre. Ganaron nueve partidos seguidos y se clasificaron por primera vez para el Campeonato de España. Medio Cabanyal se metió en un barco —el J. J. Sister— para ver al Llevant en Les Corts del FC Barcelona. Siete Invencibles viajaron con la plantilla.

Hilariet fue titular indiscutible en el centro del campo hasta 1933, cuando dejó el fútbol para poder mantener a la familia; el longevo Puig II, pequeño de la saga e integrante de aquel juvenil de ensueño, llegó a conquistar la Copa de la España Libre en 1937 y vistió los colores del nuevo Llevant UD tras la fusión de 1939.

El último heredero de aquellos genios horneados en la Plageta del Cabanyal se llama Héctor Rodas, nacido al fútbol en la misma cuna del levantinismo. Sin embargo, su estruendosa irrupción en el primer equipo desde la cantera, consolidándose en un puesto tan exigente como el de central con apenas 21 años, no es un fenómeno accidental.El Llevant UD, movido por la necesidad y también por el sentido común, vuelve a mirar a su escuela sin el escepticismo habitual años atrás. Manu, Rodas, Iborra y Mateu forman una quinta preparada para liderar en pocos años a un equipo que aspire a algo más que a mantenerse en Segunda División.

A la feliz aparición de los chavales se une el acoplamiento en el primer equipo de otros jugadores del territorio valenciano como Pallardó o Cerra; y el acierto del club al reclutar a dos viejos guerreros: Ballesteros y Juanfran, profetas fuera de casa que quieren despedirse de su gente consiguiendo el más difícil todavía. No había tanta sangre levantina en el vestuario desde la llegada al primer equipo de otro símbolo marítimo como Vicente Latorre y su quinta, hace casi treinta años.

El club ha hecho de la necesidad virtud y la cantera se ha convertido en uno de los motores de la reconciliación entre la entidad y una afición que siente al equipo más suyo que nunca. No hay otro camino para este Llevant. Sería poético que el ejemplo de los Invencibles volviera a inspirar momentos de gloria, tal como ocurrió hace más de ochenta años.

La ilusión construye sueños

FELIP BENS.

[Crònica. L'informatiu.com]

El Llevant UD empalma 4 victorias y enchufa a la grada de Orriols.

[Llevant UD 1-0 Celta de Vigo, Orriols, 14-2-2010]

1-0 al Celta y sufriendo. Tercer rato que juega Jordà, tres partidos y tres goles y cuarta victoria consecutiva del Llevant UD que permite a los blaugrana seguir la estela de los de arriba. Siete partidos en 2010 con cinco victorias —cuatro consecutivas— y dos empates. Una racha que cobra mayor valor teniendo en cuenta que se venció a dos gallitos en casa —Villarreal y Betis— y se empató contra otro fuera, el Rayo.

Guarismos para un sueño. De niños y mayores. De racionales o atrevidos. Hasta ahora el sueño se verbalizaba con la boca pequeña: centenario y ascenso. Ya se habla de ello incluso en las bambalinas de los despachos y los vestuarios de Orriols. Con prudencia pero abiertamente. Hay motivos más que sobrados para el optimismo: los levantinos están arriba sin haber recuperado el fútbol brillante que practicaron al inicio de la Liga y que de repente cayó en picado, con el punto álgido del tedioso e immerecido empate a cero en Castellón. El ridículo de Castalia activó la circulación de los blaugrana. Y, aun sin recuperar aquel desparpajo ofensivo de los primeros meses de Liga, han conquistado la robustez defensiva con que soñaba Luis García (3 tantos en 7 partidos) y siguen creando ocasiones en cada partido. Los entendidos dicen que así se alcanzan éxitos en 2ª División: peloteando con el corazón en el puño y el cuchillo entre los dientes. Así subió a Primera el Llevant UD de Mané y así juegan también Cartagena o Real Sociedad. Lo del Hércules de este año o lo del Llevant UD de Preciado son las excepciones que confirman la regla.

Las sabias gradas de Orriols lo saben. 1-0 y sufriendo. Con un arbitraje malo de solemnidad e irritante para los intereses blaugrana: gol legal anulado a Iborra e injusta expulsión de Jordà —que jugó 14 minutos—. En las gradas lo saben. Saben —los 5.000 que venían y los 7.000 de hoy, gracias a la campaña de abonos— que para subir hay que desencajar las gargantas y regalar a este equipo corajudo ese plus que necesita. La grada de Orriols —aun escasa— sabe fajarse cuando la ocasión lo requiere. Y hace tiempo que la afición granota mueve inquieta la pituitaria en sus asientos: este año huele a ascenso. Hay que fajarse, arrimar el hombro, afilar la esperanza. Hoy era un partido clave. Los de delante no aflojan el ritmo y no perder su estela pasaba por ganar hoy. Se consiguió con determinación y oficio. Once titanes, comprometidos para perpetuar el sueño, y una grada enchufada. En harmonia. Es un reto muy complejo, pero la ilusión mueve el mundo. La ilusión construye sueños. El sueño de un colofón histórico para el mágico año del decano.

Darwin, te salimos rana.

JOSÉ LUIS GARCÍA NIEVES

[Trenet a Vallejo, L'informatiu.com, 12-2-2010]

Si algún biólogo centrara sus estudios en el fútbol seguramente encuadraría al Llevant UD entre los inadaptados al medio. Nuestro talento para desperdiciar oportunidades y complicarnos la existencia es un caso de libro. Sólo unos ejemplos: primogénitos del fútbol valenciano, con una década sin gran competencia y una ciudad por conquistar. Y, sin embargo, un nouvingut llamado Valencia FC nos arrebata sin esfuerzo el primer escalón de la ciudad a principios de los años veinte.

Nace la Liga española en 1928, justo cuando el Llevant FC es el campeón valenciano, pero su escaso poderío institucional le relega al furgón de los torpes: la Tercera División. Entre las bombas de una guerra, el viejo club del Cabanyal gana la Copa más épica jamás contada. La del lado de los perdedores, condenada a la clandestinidad.

El equipo vive su mejor momento en los 60: con el anhelado ascenso, dos años en Primera y Vallejo a reventar. ¿Solución a los problemas económicos? Un exilio a un estadio alejado de la civilización, rodeado de acequias y caminos intransitables. Cuarenta años después, los desheredados vuelven al paraíso y, en fin, todo termina en los juzgados.

Paco Gandia, que era un visionario, estudió el fenómeno y formuló su teoría: "El Llevant UD es un club forjado en el yunque de la adversidad". Una auténtica genialidad. Gandia prefirió el lirismo a la cruda realidad, y fundó una historia de románticos perdedores en lugar de reconocer que si el fútbol fuese una ciencia perfecta —como esa jungla de Darwin despiadada con los débiles—, el Llevant UD sería un cadáver hace mucho tiempo.

Ignoro los motivos, pero el diagnóstico es evidente: algo ocurre en esta ciudad que la hace incapaz no ya de alimentar un rivalidad de primer nivel, sino ni siquiera de poder evitar que el fantasma de la desaparición orbite sobre este club centenario como una amenaza cotidiana. Un club, en definitiva, condenado a la extinción. Y, sin embargo, aún estamos vivos, inmunes a ese destino; reinventándonos cada día con una envidiable mala salud de ferro. Así que aceptando que no moriremos jamás, porque esa es la gran lección de este siglo, ahí va mi propuesta para este Trenet a Vallejo. Memoria sin nostalgia; veneración de nuestra historia con respeto hacia el presente. Rebelarnos contra el victimismo y la pose decadente. Exigir, reclamar, aspirar. Porque ya va siendo hora de jubilar el yunque.